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Corazonazos®, son mensajes
cortos que viene a mi corazón cuando leo algún versículo
de la Palabra de Dios y hoy los quiero compartir con ustedes. Si
deseas recibirlos a tu correo electrónico, envíame un e-mail:
mirin@libertypr.net diciendo
que deseas recibir los Corazonazos.
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Dios no falla, nosotros sí; Dios no miente,
nosotros sí; Dios promete y cumple, nosotros prometemos y nos olvidamos
de cumplir; Dios no cambia de parecer, nosotros sí... ¿Entonces
por qué peleamos y nos enojamos con aquel cuyo nombre es Fiel y
Verdadero? Los pensamientos de Dios para contigo son de bien y no de mal.
Anda, quita el enojo y sonríe que Cristo te ama y su justicia es
eterna. Él es quien pelea la batalla por ti y lo bueno es…
¡que siempre gana!
Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Apocalipsis 19:11
¿Por qué decir Jehová es mi pastor
nada me faltará, y luego vivir sintiéndonos desprovistos
y temerosos? David, el autor del Salmo 23, conocía el carácter
de Dios y habló con seguridad al decir que por cuanto Dios era
su Pastor nada le faltaría. No sólo no carecería
de nada en el hoy, sino en todo el futuro de su vida. ¡Eso es conocer
a Dios! Y le conocía porque tenía intima relación
con Él. Eso es algo que necesitamos tener y algo que Dios siempre
nos ha demandado. Y es que si nos relacionamos con Él, conoceremos
que sólo el Buen Pastor da su vida por sus ovejas. Confía
en Él, y te aseguro que podrás descansar.
Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. 23:1-2
Las cosas del Reino son así: Dios manda y nosotros obedecemos,
pero mientras queramos nosotros ser quienes le ordenemos a Dios para que
Él nos obedezca... seguiremos dando vueltas en el desierto. No
seamos necios...rendirnos a Dios, es la mejor manera de obtener la victoria
y disfrutar de la tierra donde fluye leche y miel. Reconoce que eres oveja
y déjate pastorear.
Reconoced que Jehová es Dios; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado. Salmos 100:3
A veces se nos olvida que todos estamos en el mismo barco. Tenemos las
mismas debilidades, las mismas tentaciones… y me pregunto por qué
será que nos desenfocamos de esta gran verdad y se nos hace tan
fácil señalar, juzgar y condenar a los que cometen alguna
falta. No violemos más la ley del amor…porque tarde o temprano
Dios expedirá el boleto de infracción y el precio a pagar
es muy alto… ¡es precio de muerte! El cumplimiento de la ley
es fácil…Amémonos los unos a los otros y entonces
viviremos.
Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. Gálatas 6:1,2
¡Qué bueno que Dios encendió el bombillo en nuestros
corazones, para que se disiparan las tinieblas y pudiésemos ver
su gloria manifiesta en Cristo Jesús! Ahora nos corresponde a nosotros
alumbrar con esa misma luz a todos los que tengan sus corazoncitos apagados.
Abre tu corazón y deja brillar la luz que hay en ti.
Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la
luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación
del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. 2 Corintios
4:6
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¡Qué bueno que nuestro Dios es paciente para con nosotros!
Imagínate si hubiese perdido la paciencia hace 100 años
atrás… ¡ni tu ni yo hubiésemos alcanzado la
salvación! Dios es paciente, pero siempre cumple sus promesas.
Así que sabiendo que su venida esta cerca, no nos detengamos, sino
que avancemos a gritar a voz de cuello ese primer mensaje que nuestro
Señor Jesús dijo cuando estuvo en la tierra: “Arrepentíos
el reino de cielos se ha acercado.” Porque sin arrepentimiento...no
hay salvación.
2 Pedro 3:9 El Señor no retarda su promesa, según algunos
la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo
que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.
Un alma torcida es aquella que se niega a reconocer que necesita de Cristo.
Es un alma que aun pecando, dice que no pecó o justifica su pecado.
Tristemente, su destino es uno de muerte, pues sólo por la fe se
puede alcanzar vida eterna en Cristo Jesús. Si el orgullo quiere
torcer tú alma, empuja fuerte, sácalo de tu corazón,
y aflorará la fe… esa fe que nos mantiene realmente vivos
y con un alma donde reina la paz y la justicia de Dios.
Habacuc 2:4 He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece;
mas el justo por su fe vivirá.
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¿Cómo callar las maravillas que Dios ha hecho en mi vida?
El simple hecho de esta viva es un milagro glorioso de Dios en mí.
Hablare y exaltare su grandeza de modo que siga corriendo por siempre
la voz de que el Dios al que yo sirvo, es el Dios verdadero, el todopoderoso
y el que reina por la eternidad. Habla, hasta que el Señorío
de Dios este en el corazón de muchos, así como esta en el
tuyo.
Conviene que yo declare las señales y milagros que el Dios Altísimo ha hecho conmigo. ¡Cuán grandes son sus señales, y cuán potentes sus maravillas! Daniel 4:2, 3
¡Cuán
importante es para nuestro Señor Jesús el que aprendamos
el significado de misericordia! Él sabe que lo único que
hará que nos movamos a salvar almas para su reino, es la misericordia.
A veces preferimos hacer sacrificios, porque ellos no demandan una entrega
genuina de amor y compasión. Pero la misericordia, hace que el
corazón se conmueva profundamente ante el dolor ajeno, y nos lleva
a la acción a favor del que está en desventaja, sin prejuicios
y sin juicios. Así es la misericordia de Dios para con nosotros.
Amar con pasión al desvalido, y no con lástima, para suplir
su necesidad, creo que es la mejor definición de misericordia.
Aprendido el significado, ¡sólo nos resta ejercerla!
Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento. Mateo 9:11-13
A veces se nos olvida que todos estamos en el mismo barco. Tenemos las
mismas debilidades, las mismas tentaciones… y me pregunto por qué
será que nos desenfocamos de esta gran verdad y se nos hace tan
fácil señalar, juzgar y condenar a los que cometen alguna
falta. No violemos más la ley del amor…porque tarde o temprano
Dios expedirá el boleto de infracción y el precio a pagar
es muy alto… ¡es precio de muerte! El cumplimiento de la ley
es fácil…Amémonos los unos a los otros y entonces
viviremos.
Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. Gálatas 6:1,2
¡Qué fácil se nos hace codearnos y buscar el favor
y la amistad de aquellos que brillan en la sociedad ya sea por su dinero,
puestos o posiciones sociales! Sin embargo, que difícil se nos
hace aceptar y querer compartir con los discapacitados, los pobres, malolientes
y aquellos que no tienen mucho que ofrecernos. A veces hasta nos avergonzamos
de que nos vean a su lado. ¡Qué bueno que Dios no hace acepción
de personas, porque tal vez ni tú ni yo estaríamos en su
círculo de amistades! Imitemos a Jesús en todo y aceptemos
a nuestros semejantes por igual, para que así podamos mostrar nuestra
fe genuina en Él.
“Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas.” Santiago 2:1
A veces queremos saber más que Dios. Queremos razonarlo todo y
hasta nos atrevemos a cuestionar a Dios. Creemos que porque conocemos
de su Palabra, ya podemos ser sabios en nuestra propia opinión.
Se nos olvida que todo lo que nuestros ojos ven y no ven, fue hecho con
propósito por Él. Ese olvido nos lleva a no ser agradecidos,
por lo que nuestro entendimiento de la verdad se va oscureciendo hasta
que nos hacemos necios. Así que para que no se te apague el entendimiento
ni te hagas necio, glorifica y da gracias a Dios en todo tiempo.
“Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios,
ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y
su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron
necios,” Romanos 1:21,22
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El problema de que no crezcamos espiritualmente radica principalmente
en la justificación de nuestros pecados. Cuando no queremos aceptar
nuestros errores y desobediencia, y tratamos de vestirnos con hojas de
higuera para ocultar nuestro pecado. Sin arrepentimiento no hay perdón
y sin perdón no estaremos limpios de maldad. Desnudémonos
delante de Dios, confesemos nuestros pecados, el nos cubrirá con
su perdón y seremos verdaderamente transformados. ¡Total,
nada podremos ocultarle pues Él nos ve tal como somos!
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” 1 Juan 1:9
El no conocer bien cuál es nuestra herencia en Cristo Jesús,
nos hace sentir inseguros, y esa inseguridad nos impide ser compasivos,
amables y misericordiosos los unos con los otros. Pero cuando yo sé
que en Cristo Jesús, ya he sido favorecido con toda bendición
de lo alto… ni los celos, ni la envidia, ni la maldad tienen cabida
en mí, porque estoy seguro/a de que ya nada me falta, ni me faltará.
Por el contrario, tengo suficientes bendiciones tanto para mí,
como para dar en abundancia a mis semejantes. Repasa bien el Testamento,
para que cuentes las riquezas que en Cristo Jesús puedes disfrutar
día a día.
“Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición.” 1 Pedro 3:8,9
¡Cuánto tememos al qué dirán! A tal grado que
por quedar bien con las personas, mentimos, robamos, y hasta le damos
la espalda a Dios. Se nos olvida que todos pereceremos y que tendremos
que presentarnos delante del Padre Celestial. ¿Y qué pues
diremos en ese día a nuestro favor? Seamos sabios, temamos y obedezcamos
a Dios, ese que nos ha prometido salvación y vida eterna por medio
de Cristo Jesús. ¿Podrá en esta tierra alguna persona,
ofrecernos algo mejor que lo que nos ofrece Dios?
“Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer. Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed.” Lucas 12:4-5
Yo prefiero obedecer a Dios que a los hombres… más aun cuando
éstos me critican y desalientan por hacer, lo que sé que
tengo que hacer. Los que no aportan nada a mi crecimiento, no tienen cabida
en mi vida, porque a mi quien me dirige y prospera en todo es Dios. Si
lo que me dicen no aporta, entonces no importa. No dejaré que nadie
me robe la prosperidad que tengo prometida en Cristo. Obedecer a Dios
es lo que me ayuda a alcanzar cada día más en Él.
“Y en respuesta les dije: El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos, porque vosotros no tenéis parte ni derecho ni memoria en Jerusalén.” Nehemías 2:20
¡Cuán sabio es nuestro Dios!... Y es que no hay mejor ofrenda
que podamos ofrecerle a Él, que el amor a nuestro prójimo,
la misericordia y el perdón. De esto sí que Dios se agrada.
No se trata de dinero, se trata de amor, obediencia y fe. No hay que olvidar
que si te humillas, Dios te exalta. No esperes que vengan a ti los que
te afrentan, ve tu y muéstrales cuanto amor ha puesto Dios en ti…tanto,
tanto que tienes más que suficiente para amar hasta a tus enemigos.
Eso sí te hace diferente y es la mejor ofrenda que puedes entregarle
a Dios.
“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.” Mateo 5:23,24
Me encanta saber que el Espíritu de Dios me anhela y me cela. ¡Cuán
importante soy para Dios! Y nos cela porque sabe que sólo Él,
puede darnos cosas mejores. La pregunta es: ¿por qué entonces
somos tan tontos y nos damos el lujo de despreciar esta oferta tan maravillosa
de parte de Dios? Ser humildes y mansos a veces nos parece algo vergonzoso
o denigrante, pero lo que Dios nos promete si nos sometemos a su voluntad
y echamos a un lado la soberbia, ¡es grandioso! Nos ofrece poder
y mayor gracia de Su parte, ¡para vencer al enemigo! Ante tal ofrecimiento,
yo elijo someterme a Dios… ¿y tú?
“¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu
que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? Pero
él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios,
y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo,
y huirá de vosotros.” Santiago 4:5-7
Como ciudadanos del Reino de Dios, hemos sido nombrados embajadores, para
anunciar al mundo las virtudes de nuestro Rey. ¿Y qué tendríamos
que decirle al mundo acerca de nuestro Rey? Sólo para comenzar
podríamos decirles que su nombre es Admirable, Consejero, Dios
fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Y luego, podemos decirles
que su Hijo Jesucristo es el camino, la verdad y la vida, y que nadie
viene al Padre sino por Él. Y para continuar, qué tal si
les decimos que nuestro Rey y Señor, es el Alfa y la Omega, principio
y fin, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso. Amo ser
embajadora del Reino, ¡es que tengo tantas cosas maravillosas que
decir de mi Rey! Anda, abre tu boca y anuncia tu también su grandeza.
“Mas vosotros sois linaje escogido,
real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para
que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las
tinieblas a su luz admirable;…” 1 Pedro 2:9
No hay peor ciego que el que no quiere ver. Y para colmo de males, hay
gente que tienen ceguera selectiva, pues sólo deciden ver lo que
les conviene. No permiten que la luz de Cristo los ilumine. Andan en tinieblas,
pero juran que andan en luz. Ahora bien, hay una clave dada por Dios para
saber si estas en tinieblas o en luz. ¿Aborreces a algún
hermano? Si la respuesta es sí…. ¡Cuidado! Tu caminar
será muy difícil y lleno de tropezones, ¿pues quién
puede caminar en esta vida sin tropiezos en medio de la oscuridad? Busca
la luz, busca a Cristo, llénate de su amor hasta que ames a ese
hermano como a ti mismo. Evítate tropezones que con Cristo, ¡Si
se puede!
“El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano,
está todavía en tinieblas. El que ama a su hermano, permanece
en la luz, y en él no hay tropiezo. Pero el que aborrece a su hermano
está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde
va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.” 1Juan 2:9-11
Que mucho nos esforzamos por ocultar nuestros pecados y que muchos nos
esmeramos para que todos se enteren de nuestras buenas obras. Ni por lo
uno, ni por lo otro debemos afanarnos, pues tarde o temprano lo bueno
o lo malo saldrá solito a la luz. De algo estoy convencida, y es
de que Dios no puede ser burlado. Nada podemos ocultarle. Lo triste es
que aun sabiendo esto, muchos son los que insisten en seguir intentándolo.
¿Y por qué lo hacen? Por la duda. Esa que el enemigo siembra
en los corazones y que lleva a muchos a pecar. Dios no miente, por tanto
procuremos que la duda nunca nos aparte de su verdad, porque tarde o temprano
seremos confrontados con su Palabra.
Los pecados de algunos hombres se hacen patentes antes que ellos vengan
a juicio, mas a otros se les descubren después. Asimismo se hacen
manifiestas las buenas obras; y las que son de otra manera, no pueden
permanecer ocultas. 1 Timoteo 5:24,25
Hemos sido llamados a paz y no a contienda. Debemos procurar dejar en
manos de Dios nuestros asuntos, sobre todo aquellos que nos provocan tomar
venganza. Total, ¿quién mejor que Dios para defendernos?
Él sí que sabe hacer justicia y nunca se equivoca. Si hay
alguien que hace las cosas mejor que yo, ¿para qué meter
mis manos? Así que por mi parte, yo ya decidí vivir en paz
con todos. ¿Y tú?
Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Romanos 12:18, 19
¡Qué maravilloso es Dios! Conoce nuestra debilidad y para
que no hiciéramos lo que quisiéramos, nos envió al
Espíritu Santo, nuestro Ayudador. Sólo por medio de Él
podemos vencer los deseos de la carne y obedecer la voluntad de Dios.
Ahora bien, cuando el Espíritu se opone, es porque desea alertarnos
de que ese deseo que estamos a punto de satisfacer, no agrada a Dios.
Pero es a nosotros que nos toca decidir si obedecemos al Espíritu
o a la carne. Y si nos decidimos por satisfacer la carne, no digamos luego
que no fuimos avisados.
Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los
deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu,
y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen
entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Gálatas
5:16, 17
A veces se nos olvida cuán grande es nuestro Dios y nuestra fe
desfallece. Cuando eso te suceda, basta con que eches una mirada a tu
alrededor y admires la grandeza de su creación. Nuestro Dios tiene
poder ilimitado, no se cansa, ni desfallece, y todo en Él permanece
porque es eterno. Ante tan grandiosa realidad de quien es nuestro Dios,
es fácil recuperar en Él nuestras fuerzas, cobrar nuevos
ánimos, y seguir adelante. Aunque nos ocurran cosas que a veces
no entendemos, podemos descansar tranquilamente en nuestro Creador porque
él sí sabe lo que hace… ¡y todo cuanto hace
es por nuestro bien!
¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová,
el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga
con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. El da esfuerzo
al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Isaías
40:28,29
Dios premia la fidelidad de una manera grandiosa. Después de una
terrible prueba donde las fuerzas parecen desaparecer, si permanecemos
firmes en su Palabra, la misma naturaleza hará fiesta para celebrar
nuestra victoria en Cristo Jesús. Y es cierto, porque cuando salimos
airosos luego de una terrible batalla espiritual, es tanta la alegría
que nos parece el sol brilla más, el cielo se ve más azul
y hasta sentimos que la brisa susurra a nuestros oídos una nueva
canción. Creo que es Dios que confabula con su creación
para hacernos llegar su aplauso. ¡Qué bien!
Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso. Isaías 55:12
(Derechos Reservados)
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